Por: Natanael Santos
La negación de los partidos políticos a dar paso a un nuevo liderazgo y a iniciar la acción de una renovación real y efectiva de sus estructuras, probablemente represente la vía de estos hacia el campo santo.
La dialéctica plantea que todo cambia, se transforma y evoluciona, aunque los dinosaurios políticos nuestros no lo creen así. Hace un tiempo escribí que cuando el país voto por figuras como Faride, José Laluz, y Omar Fernández en el 2020, enviaba un mensaje a la sociedad de que era urgente una renovación real en sus estructuras partidarias y en los puestos públicos. Con figuras como Omar Fernández en la fuerza del Pueblo, Juan Ariel en el PLD y David Collado, Wellington Arnaut y Carolina, otros en el PRM, la actual coyuntura, es para no estar pensando en figuras que, si bien tienen gran experiencia política, están desconectadas de la sociedad de hoy, y no están en la posibilidad de crear los mecanismos de conexión que requiere el mercado electoral dominicano en la actualidad.
Eso no solo sucede a nivel del liderazgo nacional, donde la terquedad de esos antiguos dirigentes que pretenden vivir de glorias pasadas, se hace extrema, también se da en los espacios de los partidos a nivel provincial.
A modo de reflexión y para enfocar esta realidad que viven los partidos políticos en el país, y ante la posibilidad que crea la decisión del Tribunal Constitucional de permitir las candidaturas independientes, el reto de los partidos es renovarse y unificarse, porque la otra opción es morir. La biología evolutiva de Charles Darwin nos plantea que las especies o se adaptan a los cambios o perecen, y los partidos dominicanos de no hacerlo, irremediablemente tendrán ese final, perecerán.
Es evidente que existe un liderazgo emergente, pujante y decidido a cambiar el estado de cosas en los partidos, jóvenes como Franklin Rodríguez, Rafael Paz, Juan Garrigo Mejía, Jorge Minaya, Jean Luis Rodríguez, Johnny Pujols, tienen que seguir avanzando e imponiendo su juventud, sus fuerzas transformadoras para cambiar las estructuras partidarias y generar la esperanza perdida en la clase política tradicional.
Para poner un ejemplo, tomaré un liderazgo provincial que me llama bastante la atención. En esta ocasión me refiero a una figura joven de la provincia de San José de Ocoa, que milita en la Fuerza del Pueblo y que aspira a la dirección provincial de es partido en su localidad, se trata de Andioris Rosario.

Un joven empresario, emprendedor, con una lealtad incuestionable a su partido y a su líder, que dentro del viejo partido fue fiel seguidor de Leonel Fernández, y que sin tener que pensarlo dos veces a la hora de la creación de la Fuerza del Pueblo, cerró filas con esa entidad, formando parte de las estructuras locales y poniendo sus recursos, su liderazgo y su capacidad al servicio de la conformación de ese partido en la provincia.
Andioris Rosario en la actualidad es miembro de su Dirección Central, es un trabajador incansable para la consecución de las metas que siempre se han propuesto lograr como partido en su provincia.
El Joven Rosario, tiene las merecidas y legítimas aspiraciones de presidir a nivel provincial La Fuerza del Pueblo en San José de Ocoa, para cuyas aspiraciones tiene todos los méritos para ocupar dicha posición, por lo que resulta contraproducente que un liderazgo cansado, obsoleto, desconectado, sin propuestas de cambios y de acciones para fortalecer la estructura partidaria en esa provincia, entienda que debe impedir que este joven, que ha estado en cada una de las batallas libradas por ese partido o por su líder en esa demarcación, sea la figura refrescante y con las energías transformadoras que necesita ese partido y que merece esa hermosa y laboriosa provincia.
Cuando los políticos dominicanos aprendan a retirarse oportunamente y permitan dar paso a nuevas generaciones de servidores, que como Andioris Rosario, que es un ejemplo en conducta, fe, constancia y pureza, entonces tendremos mejores partidos y podremos desde ellos construir un mejor país para todos.